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5 preguntas

Para Antonio Carlos Teixeira Álvares

El Director de Brasilata habla de las ventajas de los programas de incentivo a la innovación en las empresas


Ingeniero, postgraduado en Administración de Empresas, profesor hace más de treinta años del Departamento de Producción de la Escuela de Administración de Empresas de San Pablo de la Fundación Getúlio Vargas, y uno de los fundadores del Forum de Innovación; Antonio Carlos Teixeira Álvares es presidente del Sindicato Nacional de la Industria de Estampería de Metales (Siniem).

Por otro lado, Teixeira es el Director de Brasilata S/A, empresa en la cual trabaja desde 1977 y que además fue uno de los responsables por la adopción de las técnicas gerenciales japonesas a mediados de la década de 1980. A los 900 funcionarios de Brasilata se los trata como inventores y se los contrata de esa forma. La empresa siempre consideró la  innovación como un principio de crecimiento y desarrollo, ofreciendo a todos los funcionarios innúmeras formas de estímulos. Una de ellas es la PLR (participación en las ganancias y resultados), que prevé la distribución de hasta un 15% de la ganancia líquida a los funcionarios, implantada en 1991, casi cuatro años antes de la promulgación de ley en ese sentido.

Y es justamente sobre los sistemas de sugerencias y su importancia para la generación sistemática de ideas, con la consecuente producción de todos los tipos de innovaciones, que Teixeira lanzó en agosto último, junto a José Carlos Barbieri, de la FGV, y a Jorge Emanuel Reis Cajazeira, ejecutivo de Suzano Papel e Celulose, el libro Gestión de Ideas para la Innovación Continua, por la Editora Bookman/Artmed. En la publicación los autores demuestran que los personajes principales de las organizaciones innovadoras son las personas. El texto está complementado con la presentación de casos de innovación en algunas de las grandes empresas brasileras.

 

La palabra “innovación” forma parte prácticamente de todos los discursos, pero en la práctica por lo menos en el campo de los embalajes, lo que se ve es lo mismo de siempre. ¿Cómo se puede estimular efectivamente la acción innovadora, o la “gestión de ideas para la innovación continua” como lo propone el título del libro?

Primeramente es necesario considerar correctamente lo que se entiende por innovación. Innovación es una idea nueva que, implantada, le trae resultados positivos a una empresa. La idea nueva que no dio resultado, o que no dio ganancia a una empresa, no se considera innovación. Dentro de ese concepto, la innovación puede clasificarse en tres tipos: radical tipo A, radical tipo B o incremental. La innovación radical A sobrepasa las necesidades del público consumidor y crea una industria completamente nueva. La innovación radical B cambia la base de la competición de la industria existente. Como ejemplo podemos citar el avión a hélice, inventado por el ilustre brasilero Alberto dos Santos Dumont en 1906, que permitió, algunos años después, el surgimiento de la industria del transporte aéreo, algo impensable para el consumidor de la época. Luego, el avión comercial a chorro cambió la base de competición de esa industria en 1952. Sin embargo, además de las innovaciones radicales, existe un número muy grande de innovaciones incrementales estrictamente vinculadas a las necesidades del consumidor. Un ejemplo típico es el caso de Gillette con sucesivos lanzamientos de máquinas de afeitar desechables.

Las innovaciones radicales son el deseo de todos, pero suceden esporádicamente. Las innovaciones incrementales siempre están presentes. Desde que sea algo nuevo, aunque pequeño, pero que traiga resultados positivos para la empresa, es una innovación. En nuestra opinión, la acción innovadora es estimulada por el ambiente empresarial donde los canales de comunicación están siempre abiertos, las nuevas ideas se respetan y los errores se toleran. Es lo que en el Forum FGV de Innovación llamamos de Medio Innovador Interno.

 

¿Es verdad o mito que la innovación implica un aumento de costos? El eventual aumento de costos en función de la innovación, ¿compensa?

Dependiendo del tipo de innovación podrá haber aumento de costos. El tema fundamental es focalizar el valor que la nueva solución adiciona, en la percepción del consumidor. El valor agregado tiene que ser superior al eventual incremento de costo para que el nuevo producto tenga éxito, o sea, la innovación. Como ejemplos, citaría a lata Abre Fácil de Rojek para alimentos procesados, como la salsa de tomate, y también el cierre Biplus de Brasilata para las pinturas inmobiliarias que se procesan en las tiendas con el sistema mix machine. En ambos casos hay aumentos de costos, sin embargo el éxito de los productos comprueba que el aumento del valor percibido fue mayor.

Siempre es posible que ocurran situaciones donde el aumento del valor percibido no implique un aumento de costo y a veces hasta lo reduzca. En los casos raros donde sucede simultáneamente aumento de valor y reducción de costo, se encuentra una innovación radical tipo B que cambiará las bases de la competición de la industria existente.

 

Hemos visto varios casos de “innovation day”. En general salimos con la impresión de que lo que se considera innovador no pasa de ampliación de línea, como un “nuevo sabor”, o de cambios gráficos en los embalajes (“nuevo embalaje”). ¿Qué acciones se pueden considerar de hecho innovadoras?

Volviendo al concepto original de innovación: “idea nueva implementada que genera resultados positivos”, podemos sí considerar que el cambio de rótulo pueda ser una innovación si esa modificación tuvo como resultado un aumento de ventas. Lo importante no es si el cambio fue grande o pequeño, sino si la idea nueva le dio resultados a la empresa.

Cito nuevamente el ejemplo de la lata Abre Fácil de Rojek. Generó un gran crecimiento de la compañía y hoy esa tecnología se exporta a Estados Unidos. Se trata de un caso de invención por constituirse en un cambio que produjo un resultado técnico nuevo y también de una innovación radical B, pues cambió la base de competición de la industria existente, al producir significativos resultados comerciales.

 

¿Cuál es la importancia del sistema de sugerencias de los funcionarios de grandes empresas, como Brasilata, para la innovación de productos? ¿Cuál es la media de sugerencias presentadas por funcionario y cuántas adopta la empresa?

El programa de sugerencias de Brasilata no tiene como objetivo crear innovaciones de productos sino establecer el medio innovador interno, estimulando el espíritu emprendedor de los funcionarios, todos denominados inventores. El número de sugerencias de los funcionarios de grandes empresas que mantienen el programa activo varía mucho. El sistema de sugerencias que busca sólo las grandes ideas, como el americano, presenta un número de sugerencias bajo, cerca de 0,2 por funcionario/año.

Las empresas japonesas que utilizan el sistema y donde lo importante es la participación de todos, con ideas de todos los tipos, han presentado una media de 30 ideas por funcionario/año. Toyota, según informaciones, tiene en sus fábricas en Japón un número superior a 100 ideas por funcionario/año. El Proyecto Simplificación de Brasilata recibió en 2007, 102.867 ideas, significando una media de 117,7 ideas por funcionario (inventor) al año. El porcentaje de aprobación fue del 81%. Ese número es considerado elevado incluso para el estándar japonés.

 

Individualmente, los premios para las ideas aprobadas son simbólicos. Cuando una sugerencia se adopta, quien gana es el equipo y se divide parte de la ganancia entre todos los funcionarios.¿Pero si una idea tiene como resultado la reducción de puestos de trabajo, por ejemplo, el equipo no pierde?

Tenemos la convicción de que, en Brasilata, jugamos al fútbol y no al tenis. En el tenis el punto pertenece al jugador solitario, sin embargo en el fútbol el gol no es propiedad del centrocampista que lo marcó sino de todos los jugadores que dividen la victoria. El premio real del 15% de la ganancia líquida de la empresa, se reparte entre todos proporcionalmente al salario. En 2008, se pagó 1,4 sueldos como participación en la ganancia a todos los inventores, independientemente de su posición jerárquica. Con respecto a las ideas que reducen puestos de trabajo, en especial, son motivo de orgullo pues son la prueba cabal de la confianza de los funcionarios en la empresa. Los inventores saben que no perderán su empleos sino que se recolocarán en funciones más estimulantes.







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