Caramelo, dropes y chicles refrescantes se sitúan en una especie de zona mixta en términos de concepto mercadotécnico. Si no parece pertinente clasificarlos como alimentos, también suena raro tasarlos de ítems de higiene personal (a pesar de la alegada acción dentífrica de alguno de ellos), o de medicamentos, como intencionan los laboratorios, hoy dueños de muchas marcas fuertes. De este escenario indefinido brotó el aromatizante bucal, novedad que viene conquistando el mundo y Brasil con propuestas de producto y de embalaje. El Bonicaps, desde mayo en el mercado nacional, ejemplifica la situación.
Exento de azúcar y con aroma a menta, el producto no tiene efecto medicinal. Pero está fabricado por un laboratorio, el Boniquet, y se presenta en forma de cápsulas con revestimiento fino y gelatinoso, típico de los remedios. Acondicionadas en un blister semejante al de los medicamentos, se encuentran doce bolitas, ese blister se encuentra en un sobre de cartulina cuyo proyecto gráfico combina las características de los embalajes de ítems de higiene oral y de candies. “Por el hecho de que refresca el aliento de forma instantánea y moderna, los aromatizantes bucales en cápsula están atrayendo cada vez más consumidores en USA y Europa”, comenta Flavia Mello, gerente comercial de Boniquet. En Brasil, dice, no está siendo diferente. El producto ya se distribuye nacionalmente y está presentando altos índices de recompra. “Nuestra Mira principal son los jóvenes” dice la ejecutiva. “Pero estamos recibiendo una respuesta muy buena de diferentes perfiles de consumidor, como ejecutivos y amas de casa.”
El embalaje de cartón de Bonicaps está producido por la Gráfica Gonçalves, con color azulado en sintonía con el color del aromatizante. También cuenta con un pequeño agujero en la parte frontal que facilita la retirada del blister del lugar de exposición y al mismo tiempo permite ver una de las doce cápsulas.
Protección y adecuación
Boniquet prefiere no revelar el nombre del proveedor de los blisters utilizados, pero explica que la idea de embalar individualmente las cápsulas surgió de la necesidad de dejarlas frescas y protegidas al mismo tiempo. La elección del embalaje también tomó en cuenta la adecuación a los precios de caramelos y chicles, curiosamente considerados competencia indirecta, además de las variaciones de temperatura y de humedad verificadas en el punto de venta y durante el proceso de distribución y almacenado.
De origen española, Boniquet llegó a Brasil en 2002. El laboratorio también se está destacando por la fabricación de pastas de dientes de otras marcas, cuyos embalajes también los produce Gonçalves. (LH)
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