En la época en que no existía el fast food y el consumo on the go ni siquiera se imaginaba, surgió el primer saladito brasilero: Mandiopã, lanzado en 1954. El inventor, Antonio Gomercindo, hoy de 69 años, comenzó a trabajar, cuando adolescente, como limpiador en la Compañía Chiavone, de Limerisa (SP), en la década del 50. Entre otros productos, la empresa iniciaba la fabricación de un bocadillo de fécula de mandioca. Gomercindo perfeccionó la máquina que producía el snack y creó una nueva receta. Mandiopã se torno un éxito inmediato en la ciudad, y Amaral Alimentos, distribuidora de Chiavone, compró la marca, llevándolo a Gomercindo: sólo él tenía la receta de las cascarillas que se hinchaban al fritar.
A fines de la década de 1970 se vendían más de 50 mil cajas del producto por día y era exportado a Japón y Oriente Medio. Por desacuerdos familiares, al inicio de la década de 1980 Amaral cerró sus puertas. Gomercindo comenzó a producir el saladito por cuenta propia, con el nombre de Fritopan, ya que el registro de la marca Mandiopã pertenecía a la familia Amaral. Quedó solo por poco tiempo, Hikari Alimentos compró la marca Fritopan y nuevamente Gomercindo fue contratado como supervisor de la producción. Pero al inicios de los años 1990 Hikari cerró la producción y el saladito otra vez desapareció de los estantes. Al comienzo del presente siglo, Gomercindo relanzó el producto, esta vez con el nombre de Mandipoca, pero las ventas no tuvieron éxito. Hace tres años, sin embargo, consiguió el registro de la marca Mandiopã, y el saladito volvió al mercado con el nombre original. Pero casi nadie encuentra el producto, debido a la distribución precaria desde Limera, donde se encuentra la fábrica.
Sabores diversificados
Ahora, gracias a una sociedad con la consultoría paulista de marcas, que está haciendo el trabajo de reposicionamiento en el mercado, la expectativa es que el producto alcance a más consumidores. Los sabores de Mandiopã se diversificaron, y los embalajes reformulados por la agencia Yellow Group. Las nuevas cajas hacen referencia al primer embalaje, el rostro de la niña que ilustra el sello con la frase “Original desde 1954” fue retirado del diseño original. Las cajas de cartulina están impresas por Imprimaz Gráfica e Embalagens, de XanXerê (SC).
A pesar de las novedades, el producto continúa siendo el mismo, y el secreto de la masa permanece con Gomercindo, que no lo revela a nadie, “cuando me muera, la receta se irá conmigo”, afirma. (FP)
|